Espacios con nombre

¿Todos los espacios de una ciudad tienen nombre? Supongo que todo comienza con un número de manzana, solar o calle. Les ponemos un nombre a los espacios de la ciudad porque un nombre es más fácil de recordar y más lindo que un número. Pero aprovechamos esta oportunidad de bautizar espacios para homenajear, recordar o hacer un poco de poesía. Nombres de personas reales o ficticias, países, regiones y ciudades, fechas y hechos históricos, accidentes geográficos, estrellas, animales y flores, objetos e ideas.
Primero ponemos nombres a las calles, a los parques y plazas. Luego seguimos nombrando callejones, pasajes, plazuelas. Cuando parece que nos quedamos sin cosas para nombrar en un barrio hay que cambiar estrategias. Dividimos una calle en partes para ponerle nombres distintos, si tiene un doblez o atraviesa una avenida. También ponemos nombres a los rincones, proas, espacios libres, cualquier espacio que tenga alguna delimitación. Muchos de estos espacios libres carecen de amoblamiento urbano o decoración, no tienen bancos ni la sombra de un árbol. Tampoco suelen tener un monumento dedicado al nombre que homenajea. Pueden estar simplemente vacío.
Los nombres de plazas y parques son tan necesarios como los nombres de calles para ubicarnos en la ciudad son un punto de encuentro. Pero cuando un espacio libre adquiere un nombre ¿Lo usamos para recordar o llegar a él? Ese es el momento en que nuestra posibilidad de homenajear fracasa, el nombre del espacio solo existe en un documento pero no en la gente que vive la ciudad.
La solución forzada suele ser agregar el cartel con el nombre del espacio. Luego con algo más de presupuesto se puede agregar un mojón hecho de ladrillos o de hormigón, para poner una placa. La placa puede ir más allá del nombre y decir algo más, porque este nombre llegó hasta aquí.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Veredas: lo que no vemos